Su imagen radica en la elegancia natural y en la no ostentación de joyas ni vestuario, ni incluso de caracter, lo que le valíó una gran admiración por todo el mundo. Es muy difícil que una actriz contemporánea pueda igualarse a Audrey, porque su secreto era la clase y el encanto, la modestia y el sufrimiento, la sencillez y la caridad.
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